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Impresiones de un Paciente en Dental Cibao

Todavía recuerdo aquel lejano 19 de diciembre del 2006. Para la ocasión, ejercía yo como Encargado del Departamento de Recursos Humanos en una de las empresas del GrupoM (Santiago), radicada en el parque Zona Franca Industrial, Moca, y en mi oficina me encontraba, cuando la intensidad de la sensación dolorosa que el día antes se había iniciado en una de mis piezas dentales, parecía alcanzar su más alto grado. Tan necia molestia tenía que resolverla. Primero, para mi tranquilidad. Segundo, porque no quería que la nochebuena llegara y me encontrara con semejante dolor. Y para tratarla, tenía que ser en Moca, ya que por razones de distancia, no podía, como de costumbre, hacerlo en Santiago, donde residía y aún resido. Fue entonces cuando le solicité a mi asistente que me indicara el nombre de uno de los mejores centros dentales de la llamada Villa del Viaducto.

-«Dental Cibao» – me respondió ella, sin pensarlo mucho.

Hacia allí me dirigí. Ya en dicho centro, un odontólogo general revisa mi caso y me remite a una doctora endodoncista de nombre María Rojas, quien después de un minucioso chequeo decide que hay que ponerme “una cura” para calmar el dolor, y luego me informa que tan pronto la infección que estaba provocando el problema cediera, había que hacerme un tratamiento de canal. El dulce y delicado trato que de entrada recibí de esta inolvidable profesional, contribuyó a que muy confiado respondiera a la cita que para tal fin me fijó, y me olvidara del centro, en Santiago, donde tradicionalmente se me brindaba iguales servicios. Ella misma me aplicó “la cura”. El dolor, en tal virtud, cedió y días después me realizó el recomendado procedimiento.

Ese tratamiento de canal constituyó la cara opuesta del único que hasta ese momento se me había practicado, creo que en la década de los ochenta, también en Moca, municipio donde cursé mis estudios secundarios y en una de cuyas comunidades rurales nací y me iniciaría luego como docente (Ceiba de Madera). Un tratamiento, aquel primero, bastante traumático, casi a sangre fría, ultrainfernal y de cuya fecha y médico no quiero acordarme. Esta vez, por el contrario, todo fue distinto. La mano de seda de la doctora Rojas, jamás podré olvidarla, ni muchos menos las salsas, baladas y otros ritmos tropicales, bastante terapéuticos, que entonaba mientras me ejecutaba su «canaloso» procedimiento.

Así comenzó mi experiencia o condición de paciente en Dental Cibao. De esa manera quedé atrapado en las redes de los servicios prestados por este popular y eficiente centro odontológico. Y así comprendí, de una vez y para siempre, cómo impacta e influye a la vez el buen trato al cliente en la selección que este realice de la institución que lo oferta.

Y es que luego pude comprender que tal proceder no era único o privativo de la endodoncista ya referida. En diferentes momentos, de otros odontólogos (generales y especialistas) de esta institución también he recibido atención. Y de cada uno de ellos, así como el de todo el personal que aquí labora (auxiliares, personal de oficina etc.), empezando por su mando ejecutivo, con los doctores Enrique Rojas y su amable esposa Lizther Jaime a la cabeza, han estado guiados por esa línea de cortesía, respeto, competencia profesional, comportamiento ético y trato humano. Y no solo en Dental Cibao, Moca. Lo mismo ocurre en Dental Cibao Spa (Santiago), centro el que también, aunque de manera ocasional, he recibido atención.

En esta secuencia expositiva, y en relación con lo último expresado, mención especial merece de mi parte la doctora Carla Cota Lama, quien de alguna manera, y afortunadamente, se ha convertido, dentro del conjunto, en mi odontóloga de cabecera. Se trata de una joven profesional de la Odontología, cuya sólida competencia, responsabilidad, entrega, cortesía y trato humano no soportan la menor duda y discusión. Nadie como ella genera más confianza en sus pacientes. Nadie como ella ejerce con igual responsabilidad y tanta pasión su oficio.

DE LA ACTITUD DEL DENTISTA A LA ODONTOFOBIA

En el ejercicio de la Odontología intervienen variables o imágenes sensibles que al ser percibidas por el paciente desencadenan en este, miedo, pánico, terror y angustia. Desde que penetramos al consultorio del dentista, esas imágenes, acto seguido, inician un baile tenebroso y poco simpático. De inmediato vemos instrumentos o herramientas de trabajo, que a su vez parecen mirarnos de mala gana, percibimos olores muy característicos y escuchamos sonidos que «le ponen los nervios de punta» hasta al más insensible o intrépido de los mortales.

Esas imágenes, sin embargo, brillan por su ausencia en el consultorio de otros profesionales de la medicina (pediatra, cardiólogo, urólogo, ginecólogo…), en el cual se observan apenas dos sillas, un escritorio, una camilla y algunos diplomas. Y esa es la razón por la cual, aquí el paciente se torna más tranquilo, seguro y relajado.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha dicho al respecto que el 15% (creo que está muy bajo, D.C.) de la población mundial siente pánico de ir al dentista y que aproximadamente el 90% de la población española sufre ansiedad cada vez que tiene que acudir a consultarlo.

¿Qué mensaje late o se desea externar en el presente apartado?

Sencillamente que el médico odontólogo está obligado a tecnificar o modernizar cada día sus procesos laborales y humanizar su ejercicio profesional; pues frente a una mano de hierro y un carácter de bronce dentro de un área de consulta, al paciente no le queda otro camino que huir despavorido y jamás pasar cerca de ninguna estructura física que se le parezca a un consultorio dental. De esa manera, la odontofobia se fijará en su cerebro y jamás se borrará.

Pienso que Dental Cibao, en ese sentido, marca las diferencias a la luz de la descripción que ya presentamos acerca de la conducta profesional y humana que en relación con el trato al paciente muestra su personal. Quizás eso explique el hecho de que yo, a pesar de residir en Santiago de los Caballeros, y ya sin vínculos labores en Moca, continúe yendo a esta ciudad, desafiando así el gran desorden vehicular que la caracteriza y el inmenso peligro que implica la ruta que conduce hacia ella, tras los servicios dentales que desde aquel frío diciembre del 2006 se me ha estado ofreciendo de manera regular en la Clínica Dental Cibao y, como resultado del vínculo con esta, también en Dental Cibao, Spa, (Santiago)

Hasta aquí, creo haber externado, de la forma más resumida posible, mi real sentir o sincera impresión acerca de estos dos prestigiosos centros de salud dental. Ojalá que la filosofía de trabajo que hasta la fecha ha normado su accionar, marque para siempre el rumbo de su destino.

Domingo Caba Ramos

(*) – El autor es educador, linguista, escritor, profesor universitario de Lengua y Literatura, articulista de «Diario Libre», «La Información», «Almomento.Net» y otros diarios nacionales y Miembro Correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua.